Bar el Guanábano

EL REINO DE LA FESTIVA IMPROVISACIÓN

El bar El Guanábano, un escenario que durante años se ha identificado con la rumba y la bohemia en el corazón de la ciudad, está de celebración. Este viernes 17 de abril llegó a su primer cuarto de siglo, una efemérides que pocas veces se puede contar en este tipo de negocios.

A la celebración asistió gente de todas las épocas, de las varias generaciones que a través de los años convirtieron este establecimiento en uno de los sitios más emblemáticos del centro de Medellín.

Ellos llegaron convocados por el recuerdo de amigos, conversaciones y música que no se encuentran en otro lugar.

Algunos arribaron por primera vez, atraídos por el voz a voz, ya fuera de palabra o el que se regó a través de las redes sociales. Cumplir 25 años abierto al público es una muy buena razón para conocer un lugar que llama la atención por su fama como referente de la Medellín noctámbula, que atrae a un público variopinto, pero con una intención común: llegar a un lugar en el que se pueda conversar de la vida, disfrutar de la noche y descansar del ritmo frenético de la ciudad.

Por lo general en todas la ciudades existen sitios que por tradición, por vocación o circulación de personas o de personajes, se convierten en lugares icónicos. El Guanábano lo es en Medellín.

El Guanábano se ha ido transformando con el tiempo. “Yo tengo una frase que digo a quien me pregunta y es que ‘yo voy allá como a saludar a las tías’, porque soy amiga de la cantinera y de las meseras. Voy a saludarlas y a encontrarme con gente que ya son un grupo de conocidos. Un sitio que se ha vuelto a familiar. Es un sitio para el diálogo y la bohemia creativa”, concluye Diana Caballero sobre el bar que tiempo atrás, cuando llegó a Medellín, le quitó el miedo que sentía por la ciudad.


Diógenes

LA ETERNIDAD ENTRE LOS TIMBALES

En la céntrica esquina de La Playa con Córdoba en Medellín, Omaira Rivera Chamorro compró hace 18 años, una taberna llamada Diógenes, especializada en jazz y bolero, pero Omaira amplió el repertorio con más música hasta tropical.

Ella y sus hermanos convirtieron a Diógenes en un pequeño museo de la música donde Omaira conversaba con los visitantes, intercambiaba material con coleccionistas, homenajeaba artistas, presentaba videos musicales y disfrutaban de los licores. 

Diógenes, encierra tesoros musicales inéditos, y está decorado con cuadros y fotografías de reconocidos cantantes como Héctor Lavoe y Celia Cruz. Por eso, tras su muerte, sus hermanos preservarán la cultura musical de Diógenes que sigue abierto al público para el deleite de los melómanos.

En la esquina de La Playa con Córdoba en el centro de Medellín, se encuentra Diógenes, un espacio especial legado de Omaira Rivera. 

 


Govindas

UN REFUGIO PARA LOS SENTIDOS

Dos mujeres con la mirada perdida y la ropa mal puesta alegan con unos hombres, un predicador grita por megáfono la palabra de Dios, los vendedores ofrecen a viva voz mil variedades, suena la música de las ventas de CD, se ve la iglesia de La Veracruz y, a un costado, las escaleras que llevan a Govindas, en el número 52-17 de la calle Boyacá.

En este templo, el Centro Cultural Govindas, se encuentran esos extraños sujetos que ya son paisaje del centro de Medellín, esos que visten ropa vaporosa color azafrán, llevan sólo un mechón en la coronilla, y rompen el marasmo ruidoso de la calle bailando y cantando al ritmo de tambores y platillos para contagiar de energía a los transeúntes, vibrando con el Maha Mantra: Hare krishna hare krishna, krishna krishna hare hare, hare rama hare rama, rama rama hare hare; una invocación espiritual que también irradian desde su restaurante, ubicado en el segundo piso del templo.

Govindas significa “el que complace los sentidos y las vacas”, un centro espiritual que recuerda el valor místico del alimento, en este caso, vegetariano. Antes de ser servida en el restaurante, la comida es ofrecida a las deidades de la India para que la consuman. Así que este alimento es el sobrao de los dioses, y dicen que purifica a quien lo come.


 

Los Imperdibles del Centro de Medellín

Salón Málaga

UN VIEJO SALÓN CADA VEZ MÁS VIVO Y MÁS JÓVEN

El Málaga es un espacio cultural del centro histórico de la ciudad. Catalogado como patrimonio y tradición de Medellín, se caracteriza por sus tertulias y encuentros musicales y artísticos. Así mismo, los amantes del tango y la milonga han encontrado en los espacios del Salón, un lugar donde pueden disfrutar y aprender a bailar con estos ritmos.

Según cuenta su historia, visitar el Salón Málaga “es como viajar en el tiempo a esos lugares de encuentro típicos de los años 40’ y 50’ del Guayaquil de ayer.  Es en sí mismo un hito cultural, una herencia propia de nuestra cotidianidad”.

Gustavo Arteaga fue el precursor de este lugar, que en sus inicios contaba con seis mesas y una pianola. 


Homero Manzi

PARA COMPARTIR, DEPARTIR Y DEGUSTAR LA MÚSICA PORTEÑA

Medellín es un destino turístico caracterizado por su amplia riqueza cultural y artística, una de las tradiciones arraigadas es la cultura del tango.

Una inigualable mezcla de cultura, historia y arte del tango hacen del Homero Manzi un lugar bellísimo. En una de las esquinas del centro de la ciudad podrás visitar la casa cultural Homero Manzi, dedicada a recrear la cultura tanguera con cuadros de los protagonistas de la historia del movimiento musical, poemas de Homero Manzi escritos en las paredes, música de la más alta exquisitez y una rocola vibrante de melodías.


El Ástor 

El suizo Enrique Baer abrió el Salón de Té Astor en Medellín, Colombia, donde había llegado unos años antes a trabajar como técnico pastelero en una fábrica de chocolates.

Desde sus inicios, don Enrique y su esposa Anny Gippert se encargaron de supervisar la precisión de los procesos y la calidad de los productos que ofrecían en su nuevo Salón de Té Astor, en un pequeño local de la carrera Junín, epicentro social y comercial de la ciudad, con cinco mesas, diez empleados y un modesto y rudimentario equipo, compensado con los vastos conocimientos de su dueño.

En la entrada del establecimiento, se exhibían para antojo de sus visitantes las galletas, los alfajores de almendra, las nueces de miel, las canastas de chocolate, los bizcochos, el famoso y tradicional “sapito”, y otros coloridos moritos, denominados así porque el acento natal de don Enrique le impedía pronunciar el sonido de la doble ere en español, cuando se refería a “morritos” de bizcocho.

Su clientela estaba compuesta principalmente por los residentes europeos de Medellín, fieles desde un comienzo, y los miembros más encopetados de la sociedad, quienes después de pasear por las calles empedradas de la carrera Junín o de visitar sus elegantes almacenes, entraban a darse gusto con las exquisiteces de El Astor o a comprar confitería fina para llevar a sus casas.


Edificio de San Ignacio

EL RENACER DEL PARANINFO DE LA U. DE A.

El Edificio San Ignacio es una mezcla de historia y naturaleza. Entre jardines y piscinas antiguas, se alza esta construcción que ha perdurado por años en la ciudad. El Edificio San Ignacio es un lugar que encierra la cultura de Medellín. Fue construido en 1803 y declarado monumento nacional. Por más de 200 años, el Edificio San Ignacio, ha sido un espacio de formación y educación, convirtiéndose en un lugar de memoria urbana.

En este mágico e histórico lugar, podrás deleitar tus sentidos con la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, la Librería Inter-universitaria, la Colección Historia del Museo Universitario, la Fundación de Apoyo a la Universidad de Antioquia y otras dependencias de la Institución; también puedes participar de actividades culturales que programa la Universidad. 

En el Edificio San Ignacio se destaca el Paraninfo, aula máxima de la Universidad de Antioquia, donde renombrados intelectuales del mundo han ofrecido sus ideas. Un lugar para los que disfrutan del conocimiento y la vida académica. 


Centro Comercial del Libro y La Cultura

PASAJE LA BASTILLA

Pasaje La Bastilla, sector del centro de la ciudad de Medellín ubicado en la carrera 48 entre las calles Pichincha y La Playa.

Fue hasta 1945 una casa grande con un café en la esquina llamado “Café La Bastilla” y posteriormente fue construido allí un edificio con locales comerciales principalmente dedicados a las apuestas, actividad con mucho furor en los años noventa. Hoy se conoce este sector con el nombre de pasaje peatonal La Bastilla.

 

Este lugar ha sido un punto de encuentro para jubilados, quienes pasan allí varias horas al día dedicados al juego de azar y al ocio. Encontramos en este sector gran variedad de establecimiento de comercios: bares, casinos, sitios de apuestas, loteros y muy especialmente el Centro del Libro y la Cultura, dedicados a la venta de todo tipo de libros. En temporada escolar es un lugar muy concurrido por los padres de familia que vienen allí a buscar los textos escolares de sus hijos, nuevos y usados a muy buen precio.

 

“No hay escritor, periodista, profesor, pintor, bohemio, político, negociante, capitalista, burócrata, desharrapado recién venido de alguna parte que no hubiera instalado en los salones bastilleros su taller de frases o su charla multicolor”. Expresó uno de los vendedores del sector que lleva más de 15 años en la labor.


 

Sitios para la Creación y la cultura

Palinuro

Luis Alberto Arango Puerta dice que ama los libros y que por ellos navega con placer. En la Librería Palinuro atiende este hombre que con cariño habla con sus clientes y le da cabida a nuevos autores que buscan que su trabajo literario pueda conocerse.

 

En la Librería Palinuro este hombre habla con amor de sus pasiones.

La literatura, la música y las tertulias hacen parte de sus historias.

Un personaje jovial y entusiasta para conversar tintiando.

 

No fue que el azar, la suerte o la casualidad de ese 15 de abril de 1947 se confabularan. Ese día los planetas tampoco se alinearon de forma extraña y mucho menos hubo un hecho histórico que marcara el futuro de Luis Alberto Arango Puerta.

 

Los verdaderos 'conspiretas' para que este administrador de empresas fuera un enamorado de la música colombiana, la brasileña, el jazz y la literatura fueron Oscar Arango y Lucía Puerta, sus padres. Las armoniosas tonadas de la guitarra de su padre le aguzaron el oído mientras que de su madre heredó el gusto por las letras, las artes y la literatura.

 

El maraquero, como lo conocen sus amigos porque imitaba a los maraqueros de los tríos, es jovial, entusiasta y místico en todo lo que hace.Fue en 1985 cuando Luis abrió en el centro la taberna Diógenes, el lugar más "cuquita" para escuchar jazz, bossa nova y tertuliar con los amigos. Aunque ya no es de su propiedad, el hombre entre cano, de mirada tranquila y sonrisa generosa, recuerda con cariño la época dorada de la taberna que aún conserva su esencia. Por todo ese universo de historias alrededor de la literatura, la música y las tertulias, sus amigos lo dejaron "el tabernícolo, el disquero y el librero".


Casa Tres Patios

ARTE PARA EL CAMBIO

La Fundación Casa Tres Patios es un centro de arte contemporáneo ubicado en Medellín, Colombia. Los programas transdisciplinarios de C3P se centran en crear comunidades activas y criticas mediante la integración de la investigación, la pedagogía y las prácticas artísticas. Estos procesos estimulan nuevas preguntas y respuestas que aborden los temas culturales, urbanos y sociales más importantes de los tiempos en que vivimos.

La Fundación está conformada por “Tres Patios”:

Pensamiento, Pedagogía y Práctica.

Ellos representan los ejes de trabajo con los que articulamos y desarrollamos nuestros proyectos.


Taller 7

LA MANO DE LOS SIETE DEDOS

La tarde está oscura, un chorro de luz ilumina la puerta de una vieja casa en el barrio Bomboná y un letrero de madera advierte: “No insista, somos artistas”. Ahí funciona Taller 7, uno de los primeros colectivos de Medellín en crear un espacio para el arte independiente a punta de autogestión.

Todo comenzó doce años atrás cuando un grupo de amigos, estudiantes y egresados de Bellas Artes se vieron de narices en una ciudad que entonces contaba con pocas opciones para los nuevos artistas. Encontraron esta guarida a un módico precio de alquiler y se embarcaron en lo que comenzó como un taller de amigos y terminó siendo salón de exposiciones, lugar de encuentro para discutir sobre arte y residencia para intercambios artísticos, por donde han pasado artistas reconocidos y desconocidos de diferentes lugares del mundo.

La casa conserva el trajín de los años. “Llueve más adentro que afuera”, dice Mauricio Carmona, uno de los fundadores. En la cocina algunos asistentes al taller de dibujo toman café y tras ellos, al lado de dos relojes de pared que marcan horas distintas, está dibujada la mano de siete dedos que identifica al taller. Eran nueve amigos, pero siete pagaban el arriendo.

Durante el año se programan allí varias exposiciones y se abren convocatorias para residencias artísticas, que pueden consultarse en su página. Los viernes de 10:00 a.m. a 5:00 p.m. se realizan sesiones abiertas de dibujo. Quien quiera asistir solo debe llevar papel y lápiz, tocar la puerta y tener paciencia, pues la casa es grande y los artistas andan sin afanes.


 

¡MEDELLÍN ESPERA POR TÍ !